Ahora nos miramos, nos exploramos, paramos a saludarnos, a tocarnos, a olernos, a curiosear sobre el personaje que vemos que ha adquirido el otro con el que me encuentro, nos mostramos como un personaje fantástico, imaginario, que siempre hemos deseado o temido ser, o que queremos mostrar porque siempre lo hemos mantenido oculto.
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